Lo que hay detrás de 'Umbrae mortis' — las palabras de dos mil años que Dusapin eligió para despedir a un amigo.

Analizamos en profundidad una obra que cantamos en Cámara XXI.


Al final de este post hay un video. Antes de escucharlo, conviene saber qué hay adentro, porque sin ese contexto se escucha una cosa. Con él, se escucha otra.

Lo que vas a escuchar es Umbrae mortis, para coro a cappella, del compositor francés Pascal Dusapin. Fue escrita en agosto y septiembre de 1997. Hay una dedicatoria en la primera página de la partitura: pour la mémoire de Francisco Guerrero. Para la memoria de Francisco Guerrero.

Esa dedicatoria lo cambia todo.

"Si ambulem in medio umbrae mortis" — aunque camine en el valle de las sombras de la muerte.

Francisco Guerrero

Francisco Guerrero Marín nació en Sevilla en 1951. Era compositor. Era uno de los creadores más singulares de su generación en España: trabajaba con electrónica, con software de síntesis de sonido, con procesos computacionales que entonces todavía no tenían nombre establecido. No se parecía a nadie.

Murió en 1997. Tenía 46 años.

Dusapin lo conocía. Se movían en los mismos círculos de la música contemporánea europea — los festivales, los estrenos, los ensayos que terminan tarde. Cuando Guerrero murió, Dusapin se sentó a escribir algo para coro y eligió el único texto que le servía: el réquiem. Pero no un réquiem monumental. Uno quieto, casi sin forma, que esquiva el gesto grande del duelo.

La obra dura alrededor de diez minutos. No hay un momento de catarsis. Hay algo más difícil: sostenerse en el umbral.

Una figura en el umbral. Ni dentro ni fuera. Así suena 'Umbrae mortis'.

El texto

Dusapin no escribió una misa de réquiem completa. Tomó fragmentos de tres fuentes litúrgicas distintas y los superpuso.

Del Introito del Réquiem:
Requiem aeternam dona eis Domine / et lux perpetua luceat eis
(Dales el descanso eterno, Señor / y que la luz perpetua les ilumine)

Del Kyrie:
Kyrie eleison / Christe eleison / Kyrie eleison
(Señor, ten piedad / Cristo, ten piedad / Señor, ten piedad)

Del versículo 4 del Salmo 22:
Si ambulem in medio umbrae mortis, non timeo mala
(Aunque camine en el valle de las sombras de la muerte, no temo el mal)

Este último verso, el del Salmo, le da el título a la obra. Y es el único texto que no es una plegaria: es una declaración. No pide nada. Afirma algo. Alguien que acaba de perder a un amigo, que no le pide a Dios que le devuelva nada — solo declara que va a seguir caminando entre las sombras sin doblar la rodilla.

Lo que hace Dusapin en la partitura es exactamente eso: ninguna voz completa ningún texto. Se interrumpen, se superponen, se difuminan. En ningún momento el coro dice una oración entera. Los textos conviven como conviven los pensamientos de alguien que no sabe cómo empezar el duelo.

Árboles sin hojas, niebla sin fondo. La obra tiene esa misma textura: algo que existe pero no termina de definirse.

La escritura de Dusapin

La partitura abre con una indicación de tempo: ♩= 52/56. Despacio. Muy despacio.

A esa velocidad, una sola sílaba puede durar varios segundos. Una palabra puede extenderse durante un compás entero. El texto no avanza — aparece, flota, y desaparece antes de terminar.

La dinámica es casi permanentemente pp y p. Los momentos de mf y f existen, pero son brevísimos y se reabsorben de inmediato. La obra no construye un clímax. Construye un estado.

Dusapin indica en la partitura cuatro técnicas específicas que definen la textura de la obra:

La bouche fermée — la boca cerrada, sin texto. Las voces cantan veladas, hacia adentro.

La voz con aliento — el sonido mezclado con el ruido del aire. La voz deja de ser un instrumento preciso y se acerca al susurro, a lo orgánico.

El spoken whisper — el texto hablado en voz muy baja, casi inaudible. En esos momentos el coro deja de cantar: musita el texto litúrgico como si fuera algo privado, no destinado a ser escuchado por todos.

Y la microtonalidad — la partitura indica en ciertos momentos notas a tres cuartos de tono arriba de la afinación temperada. El resultado no suena desafinado: suena espectral. Como si el sonido no terminara de pertenecer a ninguna escala.

Las cuatro voces no funcionan siempre juntas. Las sopranos pueden estar en bouche fermée mientras los bajos susurran el texto. Las altas entran cuando los tenores se apagan. El coro no avanza como un conjunto: respira como una masa de sonido que tiene su propio tiempo.

La partitura de Dusapin especifica cuatro formas distintas de producir sonido. Ninguna es la voz "normal".

El tiempo detenido

Hay una paradoja en el centro de esta obra.

El compás es cuatro cuartos a lo largo de toda la partitura. Pero a ♩= 52/56, los pulsos pasan tan lento que el oído deja de percibirlos como tales. Las notas largas — redondas con calderón, blancas extendidas — hacen que el tiempo se vuelva continuo, como un líquido en vez de algo que se mide.

Es exactamente la sensación que describe el Salmo: caminar en un valle de sombras no tiene el ritmo de una marcha. No hay donde apoyar el paso con seguridad. Dusapin hace lo mismo con el tiempo musical: te saca el suelo de abajo sin que te des cuenta.

El verso "non timeo mala" — no temo el mal — aparece en la obra como una afirmación que no termina de pronunciarse. Las voces lo cantan fragmentado, superpuesto con el Kyrie y el Requiem. El miedo y la declaración de no-miedo coexisten en el mismo compás.

"Non timeo mala." No temo el mal. Alguien que mira lo que tiene enfrente y decide seguir.

El estreno

Umbrae mortis fue estrenada el 19 de septiembre de 1998 en el Festival Musica de Estrasburgo. La interpretó el Chœur Accentus bajo la dirección de Laurence Equilbey — uno de los conjuntos corales de referencia en Europa desde los años noventa. La editorial Salabert publicó la partitura ese mismo año.

Un año después de la muerte de Francisco Guerrero, la obra llegó al público por primera vez.

Ahora, escuchala.

UMBRAE MORTIS — Pascal Dusapin (1997)
Ensamble Vocal Cámara XXI — Director: Miguel Ángel Pesce

El texto

Requiem aeternam dona eis Domine
et lux perpetua luceat eis

Exaudi orationem meam:
ad te omnis caro veniet. Requiem…

Kyrie eleison
Christe eleison
Kyrie eleison

Si ambulem in medio umbrae mortis
non timeo mala

Texto litúrgico: Introito del Réquiem (siglos IV–VII) / Kyrie (siglo V) / Salmo 22:4 (traducción latina de la Vulgata, siglo IV)


La partitura

Umbrae mortis está publicada por Éditions Salabert, París, 1998.

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